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T E M A S

La respuesta independiente a la guerra sucia
V E N E Z U E L A

 

 

Editorial Nº 373


SICÓPATA DE QUIOSCO

El Nacional es el periódico de una lamentable familia: una cofradía de frívolos, mercaderes y coleccionistas de arte, traficantes de parcelas de la “cultura” (las comillas, porque la cultura de verdad no es un asunto de élites sino construcción de pueblos); millonarios con casas despampanantes, servidumbre en esas casas y también en el periódico que les sirve de tribuna. Hace un poco más de 20 años, los miembros más visibles de esa familia de ricos insufribles se declaraban “de izquierda”, y le cantaban glorias y alabanzas a la Revolución cubana, por una razón: la Cuba de Fidel solía entregarle condecoraciones a María Teresa Castillo, esposa de Miguel Otero Silva, por sus presuntos aportes a las artes. Poco después, esos cantos y alabanzas se han convertido en ladridos y difamaciones. Ya Cuba no condecora a nadie de la familia, el socialismo ya no es una cosa de la cual se habla en salones de lujo y con esclavos sirviendo los manjares y los tragos sino que tiene contundencia y sabor de pueblo de carne y hueso. Llegó la hora de la acción y la construcción y la burguesía Otero, sus socios y sirvientes, decidieron salir del clóset político y confirmar que pertenecen a la derecha más fascista y vergonzosa. En nombre de una democracia en la que no cree, hoy El Nacional ataca sin misericordia al único gobierno genuinamente popular del último siglo, y lo hace mediante procedimientos de guerra sucia que ayer nomás le criticaban a periódicos de corte popular. El amarillismo al que tanto asco le hicieron cuando lo hacían otros, hoy les ha servido para lograr una de sus metas: hacer que los metan en cintura mediante sanciones legales y morales, y mostrarse a sí mismos como víctimas de un “atentado contra la libertad de expresión”, como si sus editoriales no fueran peor basura. ¿Por qué el Gobierno no sanciona esos editoriales en los cuales se llama locos, asesinos y delincuentes al Presidente y a sus seguidores todos los días? Sencillamente, porque esos editoriales sólo los lee una macolla de no más de cincuenta sifrinos fulminados por la vejez o por la droga, pero una fotografía en primera página mostrada libremente en un kiosco es vista por miles de personas. El resto es puro paisaje: un Petkoff y otros sicópatas por el estilo, dueños de pasquines varios, reproduciendo también la fotografía para ver si, en su condición de cadáveres políticos, la justicia les hace el favor de darles un salivazo que los haría sentirse héroes y mártires.