Editorial Nº 386
EL FASCISMO SE REACOMODA |
Luego del triunfo de la derecha norteamericana en las elecciones parlamentarias de ese país cabía esperarse un relanzamiento de sus ataques y conspiraciones en el hemisferio. Envalentonados y autorizados para mostrar ante el mundo algo que pudiera llamarse “respaldo popular”, luego de que la facción republicana conquistara la mayoría de los escaños y que varios de éstos serán ocupados por elementos de la extrema derecha (el conservadurismo más recalcitrante, xenófobo y racista), han comenzado ya a reaccionar contra las corrientes que avanzan en sentido inverso en América Latina. A la irrupción de pueblo del Sur, han respondido con un cónclave misterioso, que en los medios ha alcanzado tribuna como un inofensivo foro sobre la democracia en la región andina, pero que tras bastidores se ha desarrollado como lo que efectivamente es: una reunión de “alto nivel” para trazar estrategias en contra de los movimientos de avanzada en nuestra región. Por Venezuela asistió a ambos aquelarres (el público y el clandestino) Guillermo Zuloaga, el plutócrata y prófugo de la justicia dueño de Globovisión.
Las declaraciones públicas del renombrado conspirador fueron de este cariz: “El gobierno de Hugo Chávez representa una amenaza para Estados Unidos, por su actitud antinorteamericana y sus nexos con Irán”. Imagínense sus declaraciones íntimas en el cenáculo de terroristas que convocó a lo más enfermo del anticastrismo de Florida, entre ellos varios bebés de pecho que pujan por salvar de la cárcel al terrorista Posada Carriles. Mientras este delincuente vomita esa clase de dictámenes, allá en EEUU lo embadurnan de premios y privilegios, porque lo creen ficha importante en el proyecto nunca abandonado de sacar a Chávez de la presidencia de la República.
Más allá de la anécdota antivenezolana protagonizada por Zuloaga, se desarrolla una trama de alcance mundial y no sólo continental. La derecha está moviendo sus fichas como los países pobres mueven las suyas. Aquellos vienen en busca de más riquezas y control político; nosotros vamos en busca de dignidad y soberanía. Las reuniones del Norte deben servir para ponernos sobre la pista cierta de la conspiración a gran escala que se avecina. Bien participando en las elecciones venezolanas de 2012, bien tratando de evitar que se produzcan, aquí veremos a los poderosos moviéndose más fieramente que nunca. Un peligrosísimo momento para los líderes emergentes de América y para la sobrevivencia de nuestro proyecto.
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